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La Coctelera

Reflexiones para el olvido

ad augusta per angusta

13 Abril 2007

Ortología de la sexualidad y conducta sexual

Carísimo Horacio: Quisiera referirte cierta sospecha que caló en mí, de esas que hacen hablar a uno lúcidamente pero pueden ser consideradas injustamente reaccionarias, si bien debo comenzar por el principio sentando unas bases que puedas asimilar fácilmente y que te acerquen un poco más a lo que intento comunicarte:


La conducta motivada es aquella encaminada a la consecución de un objetivo, entonces entiéndase que la motivación sexual es un “estado interno que activa y dirige nuestros pensamientos, sentimientos y acciones” hacia una meta en relación con el campo de lo sexual. Se conviene de ordinario en hacer una clasificación académica, al modo taxonómico, de los distintos tipos de motivos distinguiendo dos grandes bloques de ellos: unos de carácter biológico, es decir, los imprescindibles para la supervivencia del individuo y de la especie; y otros de carácter psicológico, en relación con el bienestar y la felicidad del individuo. No obstante, como frecuenta suceder fuera de las ciencias exactas, esta clasificación está sujeta a un amplio abanico de matices, a un “sí pero no”, aunque que de todos modos servirá para probar cierta hipótesis que quizás, oh Horacio, resulte peregrina a tu espíritu tibio...

Empieza a discriminar pues las distintas motivaciones que surgen en tí como individuo: por ejemplo, muchas veces a lo largo del día eres presa de cierto apetito que te impulsa, quiero decir que te motiva, a comer. Claramente convendrás conmigo en apuntar que las ganas de comer constituyen en sí solas un motivo biológico, ciñéndonos a la clasificación propuesta, puesto que necesitamos tomar alimentos para manter nuestras constantes vitales óptimas y gozar de buena salud; sospecho que es evidente. Otro tanto sucede con realidades tan poco decorosas como miccionar o defecar. Se puede decir incluso que tales realidades biológicas no constituyen motivación alguna en el sentido en que son instintivas, resultantes de nuestra fisiología animal.

Ahora bien, el problema sobreviene cuando se analizan otro tipo de acciones y respuestas motivadas. Así pués, incrédulo Horacio, ¿diremos que el proceso de socialización del individuo es fruto de nuestra necesidad biológica en el sentido en que el ser humano es social por naturaleza; o es un hecho psicológico puesto que relacionarse con nuestros respectivos reporta altas cuotas de felicidad persoal, si bien somos totalmente autosuficientes y no necesitamos vivir en sociedades para desarrollarnos como personas? Otro tanto pasa con las conductas de tipo sexual pudiendo decir que beben de fuentes biológicas y psicológicas, si bien con respecto a este segundo sustrato podemos “levantar ampollas”.

Coincidirás conmigo, un tanto cansado ya (pero no seas preso del tedio,que aquí viene el meollo de lacuestión), en apuntar que el sexo en sus múltiples y variadas formas (unas más obtusas que otras) reporta al individuo que lo practica en plenitud (bien sea en solitario o con soporte de otra/s persnoa/s, en definitiva de lo que se quisiera echar mano) un placer que es procurado por aquel. Se habla pues de goce sexual y en este sentido las conductas encaminadas a obtener placer de este tipo (siempre y cuando no pongan en peligro la salud de las personas ni quebranten los derechos más esenciales a los que apunta la dignidad humana) son en todo respetables y por lo tanto todas, en principio,se miran de tú a tú. Ahora bien, la sexualidad entendida como motivación biológica sólo apunta hacia un camino posible, el del hombre y la mujer que suman sus cuerpos en la procreación de los hijos para la perpetuación de la especie. Si hasta aquí estás de acuerdo con esta realidad, no me negarás que, visto desde esta óptica, otro tipo de tendencias que no sean la ortológica heterosexual son en toda medida desviadas y perversas, un fraude a la biología. Podemos así, obtener un extasiante placer sexual en las muchas y diversas posibilidades que se ofrecen al individuo para alcanzarlo, debiendo escoger a tenor de las tendencias de cada uno, todas ellas respetables y posibles.

Es como quien va a regalarse gastronómicamente a un restaurant y opta por determinado plato en función de sus preferencias. En efecto, me placerá degustar una buena bandeja de marisco, puesto que gusto de él, pero tú, querido Horacio, optarás por una ensalada porque conozco que detestas todo tipo crustáceos. Encontrarás pues el deleite de los sentidos con tu ensalada pero esto no quiere decir que no puedas llegar a sentir goce voluptuoso con las centollas. Del mismo modo yo puedo llegar a profesar un amor filial por tus ensaladas, que vamos a suponer que detesto aunque que sabes que no es así, sólo era para ejemplificar. Es lo que se llama proceso de “aprendizaje condicionado”. Todos tenemos la capacidad potencial al nacer de gustar de cualquier comida, algo debe pasar para que reniegues de las marisquerías, o igualmente para que yo optase por ignorar el tomate de las ensaladas.

No obstante, no debes perder de vista lo necesario y lo fundamental que resulta alimentar el cuerpo diariamente, de forma mesurada, dentro de los naturales límites, sin violar nuestra realidad biológica...

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